Dakar?, no gracias
Alegremente el Gobierno ha dado todo su apoyo político a la iniciativa de trasladar la carrera Paris-Dakar, en la que participan categorías de motos, autos y camiones, al desierto de Atacama. Asimismo, por los medios de prensa nos hemos enterado de lo importante que es cumplir con el cuaderno de cargos que la organización de la carrera exige para que pueda llevarse a cabo en Chile. Sin embargo, ello más que una decisión afortunada es en realidad una manifestación de una actitud poco meditada, que no ha apreciado en toda su dimensión la idea de realizar esta carrera en nuestro territorio y que, por el contrario, ha visto sólo el eventual beneficio económico que ella podría traer, beneficio que alcanzará sólo a los organizadores de la misma.
En efecto, aparentemente nadie se ha preguntado o parece no ser muy importante saberlo, cuanto contaminarán los vehículos que participaran en dicha actividad, sea compitiendo o como apoyo a la misma. Y aquí no me refiero sólo a las emisiones de todo tipo (gases, ruido, orgánicas, etc.), sino a las posibilidades de derrames, basura y destrucción del paisaje que pueden ocasionar.
Tampoco importa saber cual es el trazado, pues precisamente lo característico de esta carrera es que se realice a campo traviesa. Sin embargo, entre el desierto del Sahara y el de Atacama existe una diferencia geológica fundamental que hará que la carrera llevada a cabo en África del Norte provoque un pequeño impacto, frente al verdadero daño ambiental que dicho evento causará en Chile. En efecto, un desierto de dunas y arena cambia todos los días por efecto del viento, ello hace que las huellas de tanto vehículo desaparezcan de un momento a otro, ello provoca también el interés de la carrera en su versión original, pues el sentido de la orientación de los pilotos es fundamental. Por el contrario, el desierto de Atacama no tiene dichas características, por lo que las huellas del “Dakar” quedarán para siempre, perdiendo de paso el interés fundamental de la carrera, esto es, poder orientarse en un mar de dunas.
Dado que la carrera no tiene un trazado único ni definido, es muy probable que se lleve a cabo en sectores que sean parte o que se encuentren muy cerca de parques y reservas nacionales. Por lo tanto, si ello ocurre, pasando la carrera, por ejemplo, por el parque nacional Volcán Isluga o por el Llullaillaco, es una exigencia legal que dicha actividad se someta previamente al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental y obtenga su Resolución de Calificación Ambiental ante la COREMA. Si ello no se obtiene será una actividad ilegal.
Tampoco se ha considerado el muy probable impacto sobre sitios arqueológicos. En Chile no existe un catastro completo de todos los lugares de asentamiento y de entierro de los antiguos pobladores del norte del país, por lo que muy probablemente la carrera pasará sobre dichos lugares destruyéndolos. Los sitios arqueológicos están protegidos por la Ley de Monumentos Nacionales, por lo que cualquier intervención sobre los mismos debe ser autorizados por el Consejo de Monumentos.
A lo anterior se agrega que esta carrera pasará por muchos terrenos de propiedad privada, o en los que se realizan otras actividades, como la minería. Sería importante saber si la organización de la carrera contará con la autorización de todos y cada uno de los propietarios de dichos predios.
De todo lo anterior se desprende que la idea de llevar la carrera al norte de Chile no es una buena idea, pero aunque sus impulsores quisieran perseverar en ella deberían a lo menos cumplir y someterse a toda la legalidad vigente para esta clase de actividades. Si me preguntan por el Dakar en Atacama, yo les digo, no gracias prefiero el desierto tal como está.
jueves, 7 de febrero de 2008
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